
La noche era más fácil, por la excepción que siempre el mismo semáforo paraba en rojo.
Gente a un lado y al otro lado de la calle, la imagen nocturna esta en cámara lenta para varios, no es fácil cruzar esa arteria donde se juntan las avenidas y los callejones. Nunca se imagino que cruzar la calle fuera más complicado que atravesar montañas.
Desearía decir adiós y poder poner un pie en la calle pero el cemento quema las plantas de los pies, y el paso sucesivo y eterno del rojo al verde y al amarrillo es hipnotizante.No se si es que dura dos minutos o tal vez dos horas, el rojo es el más eterno el menos esperado, el amarillo para los que les gusta arriesgarse y el verde es simplemente verde.
Los autos que se alejan se salen del foco, esos lentes mojados no pueden enfocar a más de dos metros de distancia; desearía, desearía tanto distinguir el eterno deseo del semáforo que impide la aventura de las luces y de los trashumantes de llegar al otro lado.
Tanto desearía que lo desees, que lo deseo sin decir adiós.